
No hay pruebas de vida que no contengan un puñado de esperanzas, si de esperanzas se hiciera la vida no quedarían acciones concretas que hagan de las memorias algo que recordar, cuando se pierde una guerra no se recuerdan las ganas que existieron de ganarla, sino el sabor amargo de su derrota y la experiencia que te deja para crecer como persona.
Luchamos por encontrar la paz y no caemos en la cuenta que la paz es no luchar. Para la paz propongo actuar con decisión tomando en cuenta a la posibilidad.
No seamos las copias de los salmos, hagamos nuestro libro basado en experiencias propias, hagamos de nuestros pecados aprendizajes y confesemos nuestro aprendizaje para alimentar nuestro coexistir.

