
En qué momento nos enfermamos tanto y dejamos recorrer por nuestas venas una vida sedentaria que por sueños de superioridad y prohibición delimitamos al mundo con ingenuas fronteras.
Si al final regresamos al regazo materno cobijados y abrazados por tierra renaciendo en misteriosa posibilidad, no encuentro sentido al delimitar nuestro hogar en fronteras.
El caminante es aquel vagabundo que llama hogar a cada paso dado, es aquel que tiene sueños de infancia con cada admiración, es aquel que no se enamora de uuna mujer, sino que de la mujer nace el impulso a enamorarse de la vida, el caminante sólo le es fiel a su impulso constante de amar lo vivido sin aprehenderse a ello y así permitirse seguir viviendo y experimentando todo lo que su basto hogar le regala.
A fin de cuentas la luna nos regala el mismo brillo de nostalgia, la pasión se exalta en la planta de los pies y el trotamundo una vez más desempaca las maletas para seguir descubriendo su hogar.
Ander J.D.

